miércoles, 25 de marzo de 2009

El arte de darle “vida” a lo muerto




Ponce. Su trabajo artístico lo describe como la evolución de las máscaras en el carnaval ponceño, el más antiguo de Puerto Rico.

Lo hace mediante cabezudos de personajes históricos y caretas que han pasado de lo tradicional a lo contemporáneo.

Así, asegura, le da vida a la fiesta popular. Ya sea con una pelvis de toro y dientes de cabra convertidos en antifaz, o figuras alusivas a personalidades como Luis A. Ferré, Rafael “Churumba” Cordero o Héctor Lavoe, Fernando Pérez se destaca entre los artesanos de caretas de Ponce con sus cabezudos de papel maché y elaboradas caretas.

“Le vamos dando vida a las cosas muertas”, asegura el hombre, quien comenzó a enamorarse del arte a los nueve años de edad mientras, desde una ventana, observaba trabajar a Leonardo Pagán, discípulo del renombrado artesano de máscaras Juan Careta.

“De lo tradicional, un cuerno sencillo, fui evolucionando, y la técnica de las caretas la llevé a la escultura del cabezudo”, añadió el artesano.

Durante esos días de comparsas, vejigantes, bailes, batuteras y carrozas de la fiesta que se remontan al 1858, Fernando -de de 46 años- ha logrado mantener vivos en la memoria colectiva a sor Isolina Ferré, Francisco “Pancho” Coímbre, José “Chegüí” Torres y hasta el trompetista y cantante estadounidense de jazz Louis Armstrong.

Todos son homenajes póstumos. El único que ha podido reír y asombrarse con su personificación ha sido el jugador de béisbol puertorriqueño Emilio “Millito” Navarro.

Fernando se tarda entre tres y cuatro semanas en crear uno de sus cabezudos históricos luego de estudiar sus rasgos. Las máscaras más complicadas le toman casi un año.

El resultado es un Héctor Lavoe, por ejemplo, con una cabeza desproporcionada al cuerpo. Ahora prepara el cabezudo del presidente estadounidense Barack Obama.

¿Te han criticado?

-Tuve problemas con algunos tradicionalistas, pero lo que hago es enriquecer al carnaval. No se puede quedar en una sola cosa, tenemos que seguir dándole cosas nuevas al carnaval. No estoy cambiando nada, lo único que es un arte más imaginario.

Tradicionalmente, el vejigante -diablito que representa a los moros que lucharon contra los cristianos bajo el mando de Santiago Apóstol- es una figura importante en el carnaval.

Se construye con papel maché o papel mojado -contrario al vejigante loiceño que es de corteza de coco- y se le realizan rasgos de animales o demoniacos, con varios cuernos, de colores vivos y contrastantes.

Por eso algunas de las creaciones de Pérez, como el caballo, el camello y la calavera con varios cuernos, han asustado a sus pupilos en los talleres de máscaras que imparte libres de costo en varias comunidades pobres, con el auspicio del Municipio.

“Cuando las miran, algunos lloran, algunos se ríen”, comentó el ganador del premio de Artesanía Tradicional y Contemporánea de la Compañía de Turismo en el 2003.

Su trabajo artístico, sin embargo, es sólo un pasatiempo porque no se puede vivir de la artesanía, subrayó.

Desde hace 20 años es empleado de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, donde trabaja en el área de telemetría. Ahora su deseo es que el arte de las caretas del carnaval no muera.



Desde pequeño

Fernando Pérez tomó clases de arte en la escuela intermedia y cursos de la Escuela de Bellas Artes de Ponce. Pero asegura que su destreza es un “don de Dios”.

Para la década de los 70 le pagaban unos 30 centavos por caretas que luego se vendían a $1.50. Ahora puede cobrar hasta $4,000 por una máscara, aunque eso era en tiempos de abundancia económica en el país, dijo.

Para más información sobre los talleres y el trabajo de Fernando Pérez, puede llamar al (787) 391-9057.

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